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NOTICIAS DEL CONGRESO INTERATLÁNTICO

CONCEPTO DE PARTO FISIOLÓGICO Y TENDENCIAS ACTUALES.

Jesús Sánz Sáchez

Definir en pocas palabras qué es un parto natural no es tarea fácil ni sencilla. El parto fisiológico, como tal ha existido desde la noche de los tiempos, y el ansia del ser humano por etiquetar todo lo que sucede a su alrededor le lleva a buscar definiciones para uno de los procesos fisiológicos más complejos de la mujer y, al mismo tiempo, que tiene una repercusión directa sobre la supervivencia de nuestra especie.

El parto natural no es algo que se haya inventado o creado en unos años, no es una moda, ni algo que pertenezca a una sociedad determinada. El parto natural ha sobrevivido a los continuos ataques de la ciencia y se presenta diariamente a lo largo de todo el mundo.

 

Con nosotros está el Dr. Michel Odent, una de las personas que más ha investigado sobre el parto, despojándole de toda parafernalia médico-tecnológica. Se encontró con una evidencia, con el parto en esencia, con sus mecanismos, con sus orígenes, con sus características, y cómo el entorno puede ayudar o bloquear este proceso.

 

Yo tuve la suerte de que el Dr. Michel Odent se cruzara en mi camino hace 10 años. Daba un seminario sobre el parto natural en Tenerife, la isla donde vivo.

Durante 3 días nos mostró qué era un parto natural. Esos tres días cambiaron totalmente mi vida. Por fin encontraba algo que daba respuesta a todas mis preguntas y dudas como comadrón. Me reencontraba con el parto, algo que yo había presenciado con 10 años cuando a través de una rendija pude asistir al nacimiento de mi sobrino. Esa experiencia marcaría mi vida. Ese fue mi primer parto natural que presencie.

De aquella charla, a parte de salir con la demanda de mis primeros tres partos en casa (no me atrevo a decir naturales), uno de ellos el de mi propia hija, me llevé un profundo respeto por la mujer, por el parto, por la fortaleza y entereza que se necesita para poder vivir plenamente una de las experiencias más importantes en la vida de la mujer, que supone un cambio, un rito de pasaje, el paso de ser mujer a ser madre.

Este profundo respeto es el que permite que un parto natural suceda. Si no respetamos a la mujer, si no confiamos en su poder para poder llevar adelante una tarea diseñada a lo largo de millones de años, difícilmente dejaremos que un parto natural se dé.

Yo les voy a hablar del parto natural desde mi experiencia, forjada a lo largo de 10 años durante los cuales las mujeres se han encargado de enseñarme en cada parto algo nuevo sobre el parto natural.

El ser humano necesita continuamente definir el mundo que le rodea para poder controlarlo: algo que podemos definir es más fácil de controlar.

Tal vez, el parto, el nacimiento, sea uno de los últimos bastiones del acontecer del ser humano que se resiste a ser definido. La obstetricia moderna ha luchado por controlar, dirigir y encauzar uno de los hechos que llena aún de magia la existencia del ser humano.

Para comprender qué es un parto natural hay que tener una visión global del proceso, tener una visión de su totalidad. Es muy difícil de comprender si lo vamos fragmentando en trocitos que intenten llenar nuestra curiosidad.

Les pido que hagan un esfuerzo, que abandonen por unos instantes sus conceptos sobre el parto, sobre el nacimiento, y lo vean como si fuera la primera vez que les hablan de ello. Sé que es difícil, pero hagan el intento. Déjense llenar por su globalidad.

El parto natural es ante todo un proceso fisiológico, es el resultado de millones de años de evolución, y un proceso con tantos años de desarrollo difícilmente tiene errores, y si los tiene, nosotros somos los encargados de darnos cuenta con nuestro trabajo, pero no generarlos con nuestra práctica.

Se podría decir que un parto natural es un proceso fisiológico en el que la mujer desarrolla todo su potencial físico, psíquico y social a favor del parto. Es un proceso en el que se permite que se pongan en marcha todos los recursos de la mujer para parir, ya sea la fisiología del parto, su estado psíquico y no debemos interferir en su desarrollo, respetando en todo momento lo que está sucediendo.

Para que se dé un parto natural no se necesita nada especial. Es necesario respetar, saber escuchar las necesidades de la mujer y disponer de las condiciones ambientales y asistenciales necesarias para favorecer la intimidad del proceso y la vinculación con el bebé.

Evidentemente, hay que verificar la normalidad del proceso, pero se puede realizar sin interferir en su desarrollo con maniobras y técnicas innecesarias, que lo único que hacen, la mayoría de las veces, es desviar el desarrollo del parto hacia la patología.

Curiosamente podríamos hacer un paralelismo entre parto natural y la definición de salud de la OMS: Un parto natural es aquél en que se da un equilibrio bio, psico y social del proceso y no tan solo la ausencia de manipulaciones y técnicas innecesarias.

¿Dónde está o cómo se logra este equilibrio?

El hecho de llevar millones de años de desarrollo hace que el control del parto no se encuentre en las estructuras cerebrales más modernas, en la neocórtex, sino en las estructuras más primitivas del cerebro (paleocórtex). Para que estas estructuras trabajen correctamente tenemos que dejar de estimular la neocórtex, de ahí una de las características más importante del parto natural: LA NECESIDAD DE INTIMIDAD, por parte de la mujer. La mujer busca intimidad para traer a su bebé al mundo, como todos los mamíferos, y esta intimidad es la que tenemos que reforzar.

Es importante no perturbar esta intimidad, pues podríamos romper el equilibrio hormonal. Para ello hay que crear la atmósfera adecuada, que no se sienta observada, controlada. Con el refuerzo de la intimidad lo que se busca es inhibir la neocórtex, el cerebro racional, y dejar que entre en funcionamiento el cerebro primitivo, ya que el parto es un proceso involuntario controlado por estas estructuras, como ocurre en todos los mamíferos.

Cualquier actividad del neocórtex puede actuar como inhibidora del parto. La secreción de las hormonas necesarias para el desarrollo natural se acompaña de una reducción de la actividad de dicha área. Si nos fijamos en las mujeres dan la impresión de desconectarse de este mundo, de entrar en un estado alterado de conciencia, de estar en otro mundo, y este “perderse” es necesario para el equilibrio.

El sentido de la vista es el más intelectual de los sentidos, y el que más estimula la neocortex, de aquí la importancia de la penumbra en los partos. Todos los mamíferos buscan rincones oscuros para traer a sus crías al mundo. La penumbra refuerza el proceso del parto y la sensación de intimidad, basta con bajar la intensidad de la luz para reforzar la intimidad.

Es importante que la mujer tenga libertad de movimientos, que pueda caminar, moverse, y adoptar las posiciones que ella quiera durante el período de dilatación, que refuerza la sensación de intimidad.

Otra característica importante del parto natural que nos ayuda a comprender este proceso de forma global es el REFLEJO DE EXPULSIÓN FETAL (REF). Puede que sea el reflejo menos estudiado, pero que es común a todos los mamíferos.

Yo definiría el REF como la necesidad imperiosa e irrefrenable que siente la mujer de empujar, y que si se inhibe, se retrasa el nacimiento del bebé, incluso horas.

El parto natural es un continuum, que empieza con las primeras contracciones y que, tras una cascada de procesos fisiológicos, culmina con el REF. Las contracciones intensas e irrefrenables que provoca este reflejo no están originadas por la oxitocina (hormona del amor) como cabría pensar, sino por una descarga de adrenalina. La adrenalina tiene una doble función en el parto natural: al principio del proceso una descarga de esta hormona puede frenar el parto, lo inhibe. Esto resulta muy útil a los mamíferos que tienen que huir de sus depredadores. Al final del parto se producen las contracciones del REF.

Pero, ¿qué origina esta descarga? Cuando no se interfiere el proceso del parto, la mujer, al final de la dilatación siente que el parto se detiene o que algo va mal y se desencadena un miedo “fisiológico”. Muchas veces la mujer expresa verbalmente el miedo, en otras se percibe el nerviosismo de la mujer, la cara de preocupación. Este miedo desencadena la descarga de adrenalina, lo que desarrolla en la mujer una conducta propia del REF: la mujer tiende a  colgarse de algo, despegar los pies del suelo, doblar las rodillas, quitarse la ropa, siente una sed intensa, con la boca seca y pide agua. Su respiración se vuelve superficial, las pupilas, dilatadas, la mujer está eufórica o colérica. Si en estos momentos no se molesta a la mujer con palabras innecesarias, intentando calmar su miedo, si no se actúa, al cabo de pocos instantes aparecen las contracciones y en 2-3 contracciones nace el bebé. A  veces podemos actuar provocando el miedo, en situaciones donde hay un estancamiento o se inhibe el reflejo. El dejar sola a la mujer o ponerse detrás de ella, donde no te vea, desencadena el miedo. Otras veces el desencadénate del reflejo es el frío: puede ser un cambio a otra habitación más fría o si la mujer esta utilizando una piscina de agua caliente, al salir se produce la descarga.

El REF es muy difícil de ver hoy día en los hospitales donde la asistencia está muy tecnificada, aunque a veces sucede. Son los casos de mujeres que están solas, con la luz apagada, sin nadie que las moleste. De repente, escuchamos un grito y, al llegar, nos encontramos a una mujer con su bebé y que rara vez se ha desgarrado.

Esto nos lleva a hablar de las posiciones para el parto. En un parto natural donde la mujer es libre de adoptar la posición que desee, normalmente adopta posturas verticales.  Muy raramente el decúbito supino. En las posturas verticales le resulta más fácil empujar a la mujer, trabajando con la fuerza de la gravedad. De esta manera, el expulsivo es más corto y disminuyen los desgarros, consiguiéndose niveles más altos de oxigenación en el cordón umbilical, y por tanto, bebés más vitales nada más nacer.

La posición puede variar desde cuclillas, de rodillas, colgada del marido o de los muebles, en sillas de parto. En esta posición, como ya he dicho, es menos frecuente la episiotomía, una práctica a desterrar dentro de los partos normales y que junto con la posición de litotomía para el parto son intervenciones médicas introducidas sin ninguna base científica que avale su eficacia.

Por lo general, la manipulación activa del bebé durante su salida no es necesaria. Las manos muchas veces sólo se utilizan para recoger al bebé, si no es que lo hace la propia madre. Una cualidad de una partera que asista partos naturales sería el saber ocultar sus manos.

Una vez que el bebé nace sólo cabe una cosa, que su madre lo tome en sus brazos y lo pegue a su cuerpo, piel con piel. La descarga de adrenalina hace que la mujer este en alerta después del parto. Ante nosotros esta una madre activa y despierta, que focaliza toda su atención en el bebé, dispuesta a cubrir todas sus necesidades.

No hay nada más que hacer, sólo no molestar. No hay prisas por medir, pesar, poner colirios, bañar, vestir, reconocimiento... Todo puede esperar. Es un momento mágico y nosotros somos unos privilegiados por presenciarlo. Es el momento en el que dos seres que han vivido en simbiosis se ven por primera vez, se miran a los ojos, se tocan y comienza una nueva forma de simbiosis. Es importante no perturbar estos primeros momentos de contacto donde se produce el enamoramiento de  madre y bebé, gracias a dos hormonas, la oxitocina (hormona del amor) y las endorfinas (hormona del placer). Nace un vínculo afectivo que durará toda la vida y cuya calidad puede estar marcada por el respeto que tengamos en estos momentos. Si no se molesta se inicia todo un rito, un ritual: el bebé busca el pecho de la madre y frota sus manos contra el seno materno para estimularlo para la primera toma. Puede que ocurra en minutos, otras veces puede tardar más de una hora, pero lo importante es el contacto, no el hecho de la succión

Durante todo este ritual la mujer produce más oxitocina que ayuda a la expulsión de la placenta y previene las hemorragias postparto. De esta forma, la manipulación aciva de la salida de la placenta pierde todo su sentido.

A partir de este instante y si las condiciones del bebé y la madre lo permiten, ambos no se separarán durante los siguientes días.

 

HACIA DONDE NOS DIRIGIMOS

Al investigar un poco sobre qué concepto se tiene acerca de lo que es un parto natural me llevé varias sorpresas. Observé cómo el parto natural se confunde con un parto “normal”, otras veces con parto vertical y otras veces el mero hecho de que el bebé naciera por vía vaginal, sin tener en cuenta si era instrumental o no, era suficiente para llamarlo parto natural. Otras veces se confunde con que es necesario la práctica de determinadas disciplinas (yoga). Por supuesto nada más alejado de la realidad después de lo visto hasta aquí.

Un parto natural se puede dar tanto en casa, como en casa de partos, clínicas, maternidades o grandes hospitales. Lo importante es que se respete el proceso fisiológico del parto y se realicen los cambios necesarios que ayuden a reforzar la intimidad de la mujer. Esto significa un cambio en la visión del parto como algo peligroso, devolviéndolo a la normalidad, a la importancia de ser un proceso fisiológico en la vida, distando mucho de ser un peligro.

El cambio no es sencillo, pero estamos en el camino. Cursos como éste hacen posible el avance hacia ello, hacia un parto más humanizado. Hace dos años nació RELACAHUPAN, la Red latinoamericana y del Caribe por la Humanización del parto y Nacimiento. Dispone de representación prácticamente en todos los países y es una forma muy efectiva de luchar por los cambios.

En el mundo se están dando varios fenómenos simultáneamente que marcan la dirección de estos cambios. Por un lado, la información veraz y no sesgada llega a más mujeres cada día, que son el motor del cambio. Por otro lado, los profesionales se preocupan por estar  al día, de formarse, de luchar por el descontento y la monotonía en sus trabajos. La partería está resurgiendo con fuerza y reclama su puesto en la asistencia a los partos. Está demostrado que la atención prestada por las comadronas es la más eficaz. La visión del parto como parte integrante de nuestras vidas y no como una patología es la base de la atención de la comadrona o partera.

Se está produciendo un aumento de los partos domiciliarios en muchos países, al igual que la implantación de casas de partos. Estos dos movimientos, unidos a los movimientos de humanización del parto hospitalario, nos deparan una imagen muy alentadora para el futuro: hospitales con paritorios similares a una habitación de una casa normal y corriente, con alternativas para el parto, donde la intimidad se verá respetada en todo momento y la mujer tendrá capacidad de decisión. Es un movimiento imparable, que generará un nuevo tipo de asistencia, sin renunciar a la técnica, pero sólo utilizándola cuando es necesaria.

La asistencia se centrará en las necesidades de la mujer y no en las necesidades de los profesionales que les asiste.

Ésta es la gran revolución, una revolución que implica que cada mujer pueda participar en la atención que va a recibir y decidir qué quiere y que no quiere para ella, su bebé y su familia.

 

Jesús Sanz Sánchez

Comadrón

Islas Canarias

España

 
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