Mi Parto

Compartimos esta experiencia de orgasmo en el parto, que nos deja en un nuevo silencio.
Rednacer
Julio, 2022.

Si has experimentado placer en vez de dolor en tu parto, no puedes querer más que desear parir nuevamente… o por lo menos tener el deseo genuino de que otras mujeres sepan que es posible; el acto de parir puede ser una experiencia sublime y maravillosa!

Antes de parir a mi primera hija había escuchado ya acerca del parto orgásmico, también de la posibilidad de que se despertara la energía kundalini, si es que el parto ocurría en forma fisiológica, respetando el  proceso y privacidad de la mujer.

Mi primer parto había sido una experiencia bella, había parido sin anestesia, de forma libre, pudiendo observar y vivenciar en profundidad los procesos por los cuales pasaba mi cuerpo y mi espíritu al parir. Adoptando los movimientos que me acomodaban, en el momento de pujar me puse en cuclillas. Todo mi ser parecía estar en armonía a pesar de estar vivenciando la mayor transmutación que puede experimentar una mujer, fluía dentro de mi instinto. Sin embargo en el momento en que iba a salir mi bebé de mi cuerpo, la matrona hizo de forma totalmente inesperada para mi, una pequeña episiotomía, que intervino en el silencio y concentración profunda en la cual yo me encontraba. Mi bebé salió inmediatamente, sentí dolor en ese momento, pero rápidamente pasó, y la oxitocina, por todo el proceso maravilloso que había tenido durante el trabajo de parto,  hizo que el dolor de ese tajo inesperado y repentino, se me olvidara. Yo me sentía maravillosa, había parido a mi bebé en cuclillas, sin anestesia, había experimentado las contracciones, transformándolas en mi mente en vida en vez de dolor. Parir había sido una experiencia espiritual, y mi bebé era hermosa y muy dulce.

Y bueno, pasado unos pocos años, iba a parir nuevamente, un gran momento se venía y lo esperaba con ansias. Pero en el momento en el que se avecinaba el parto, de pronto todo se vino abajo… yo pretendía parir en casa, pero la partera que me había acompañado durante todo el embarazo y me acompañaría, decide viajar para tomar un curso. Y yo me quedo, un día viernes, con 41 semanas de gestación de pronto sola, sin compañía, sintiendo cada vez más, fuertes contracciones. Visité al doctor con el cual me había controlado algunas veces, para ver la posibilidad de que me acompañara a parir en casa, pero resulta que mi bebé pesaba 5 kg por ecografía… eso explicaba mi gran abultado vientre y de por qué, a pesar de las contracciones, mi bebé no lograba encajarse, era un bebé enorme! De la idea de la casa, al hospital, de la idea de parir en mi living, calentito, junto al fuego, a la realidad de una pieza blanca, de cuatro paredes que me parece inhóspita y fría…. Sin embargo la matrona que me recibe en el hospital y el doctor que me acompaña me acogen con tanto amor y respeto, que sé que estoy en un lugar seguro para parir.

Sábado en la madrugada, había comenzado el trabajo de parto, pero a pesar de que la dilatación avanzaba, mi bebé no lograba encajarse, 5kg para una mujer bajita y delgada al parecer era demasiado… Durante todo el proceso, al igual que con mi primera hija, me mantuve en silencio, caminando por la sala, de un lado hacia el otro, sintiendo solo la presencia de mi marido, que guardaba también silencio absoluto, solo su canto tenue, con su voz grave alcanzaba a escuchar a ratos. La diferencia eso sí con mi primer parto era notable, aquí el peso que llevaba en mi vientre era mucho mayor, y la presión del pabellón listo por si había que hacer una cesárea de urgencia era evidente. Si la guagua no lograba encajarse… no había parto vaginal.

De un lado a otro, caminaba en silencio, respirando cada contracción, volviendo a transformar el dolor en un acto de manifestación de vida en mi cuerpo. El parto era mío y yo lo sabía… Nadie entraba a la sala, yo sola en silencio caminando de un lado a otro, no era mi casa, pero el espacio era mío, como una hembra que hace de un lugar su territorio. Al momento de darme cuenta que aún no encajaba la cabeza, y que ya estaba avanzando en la dilatación, tuve que abrirme a las palabras del doctor, aceptar la idea de una cesárea… Por lo menos ya había podido experimentar todo lo increíble y bello de parir hasta ese momento; sentir las contracciones, romper la bolsa y sentir esas aguas de vida recorrer mi cuerpo, ahondar en cada contracción profundizando más y más en el trance que te lleva a mantenerte en silencio escuchando el movimiento de tu cuerpo y el de tu bebé, fundidos en el acto más sagrado de la vida que es precisamente dar vida… Todo eso ya lo estaba pudiendo experimentar, y era un regalo…parir es una experiencia sublime, un tránsito, es la apertura de un portal.

En el momento entonces en que me abro a la posibilidad de una cesárea, soltando todos mis deseos y control, algo ocurre en mi cuerpo, algo mágico que me hace entender que todo es posible… Siento unas ganas de pujar incontrolables, me acerco a la cama, apoyo mis manos en ella y ahí de pie de pronto sé que es esa la posición que tengo que tomar, qué solo de pie es como puedo parir a esta bebé, sigo mi instinto, me mantengo ahí parada apoyando mis manos en la alta cama de la pieza del hospital. En eso  siento un dolor descomunal, inexplicable, siento que los huesos de las caderas se me abren, que mi cóccix se abre, pareciera que me fuera a partir en dos, sin embargo sé que es un dolor necesario, un dolor maravilloso, mi cuerpo se está abriendo para poder dar a luz a mi bebé, qué dolor…qué dolor más maravilloso! Llega el doctor, silencioso, en cuclillas se pone detrás mío. Yo espero el siguiente pujo, mientras mi cuerpo que pareciera haberse partido en dos, está abriéndole camino a mi bebé. Sale su cabecita, y ahí se detiene…el cuerpo adentro, su cabecita afuera colgando… distocia de hombros…solo hay silencio, yo de pie apoyada en la cama, mi marido al frente silencioso también, como queriendo sostener el tiempo, que parecía eterno, pero eran tan sólo segundos. El doctor en cuclillas, también silencioso esperando… escuchando a la mujer que está acompañando a parir, la matrona de pie junto a él esperando qué hacer… Y yo ahí, entendiendo lo que ocurre, pero sintiéndome mujer con instinto, salvaje, poderosa y espiritual, con toda mi fuerza interior y fe en la presencia divina, sé que todo va a estar bien, yo soy la responsable de parir a mi bebé, y todo va a estar bien, lo sé , simplemente lo sé, confío en mi, en el universo, en la fuerza luminosa, en mi bebé. Yo voy a parir a mi bebé… no siento miedo, no tengo dudas, sólo certeza, fe y fuerza. Espero el siguiente pujo y escucho la voz del doctor, silencioso y en calma, como guiado por una fuerza espiritual, que me dice… necesito que pujes con todo… Con esa simple frase yo entendí que en el siguiente pujo tenía que salir mi bebé… Entonces espero, y en la siguiente contracción, pujo con mi vida, yo iba a sacar a mi bebé como fuera, sólo sabía y tenía la certeza de que lo iba a hacer. Pujo con mi vida, sin miedo, sin duda, con fuerza, con fe, con todo mi espíritu… y ahí ocurre… siento que comienza a salir su cuerpo de mi cuerpo, sé que el doctor hizo una maniobra, pero no la sentí,  sólo siento el cuerpo de mi bebé que comienza a salir de mi cuerpo y no sé cuanto dura… segundos? minutos?… algo sublime ocurre…al salir su cuerpo de mi cuerpo…comienzo a experimentar lo que nunca he vuelto ni he experimentado antes… un placer comienza a recorrer mi cuerpo, un orgasmo que se irradia desde mi centro hacia todo mi cuerpo. Es un orgasmo que cubre cada sector de mi ser, no sólo de mi cuerpo físico, sino también de mis cuerpos sutiles. Siento un orgasmo emocional, una emoción que no encuentro palabras para describirla, creo que no existe en nuestra lengua, es una especie de felicidad, plenitud, éxtasis, creo que esa es la palabra más cercana… éxtasis. Luego mi mente se expande… me siento una con el universo, sin tiempo, sin forma, sin separación… toda mi energía una con todo, no hay tiempo, no hay separación. Toda yo, en un orgasmo, física, emocional y mental… No hay palabras para describirlo…  ¿Cuánto duró?, no lo sé, no había tiempo… yo fundida en el universo.

Tomo a mi bebé en mis brazos, camino por la sala con las piernas chorreadas en sangre, y soy la madre más feliz del mundo, parí a una bebé maravillosa…